martes, 4 de noviembre de 2008

Pepe, el "Hincha"

En alguna ocasión ya hemos hablado de Peñarroya, uno de los pioneros de la Generación Bruguera junto a Escobar, Cifré y Conti. También hemos hablado de su estilo de dibujo peculiar, con sus ojos muy redondos, sus señores trajeados y elegantes y sus contínuos cambios de punto de vista en las viñetas, dotando a sus historietas de un movimiento que recuerda a las películas cómicas del cine mudo.
Peñarroya creó personajes tan queridos como Don Pío, el frustrado y calzonazos oficinista; Gordito Relleno, el eterno bonachón, que con buena intención, mete la pata un montón; Pitagorín, el niño prodigio, que con sus inventos trata de ayudar a los demás; Don Berrinche, el personaje Bruguera más malhumorado, cafre y energumeno de todos; y Pepe, el Hincha, un forofo irredento del equipo de su alma el "Pedrusco F.C." que semana tras semana perdía los partidos pese a las distintas ocurrencias de Pepe.
Peñarroya era un gran aficionado al futbol, y con estas historietas mostraba sus ocurrencias sobre el deporte rey, y las alegrías y frustraciones que suscita en los verdaderos hinchas que se desviven por sus equipos.
Sus aventuras están recomendadas para todos aquellos forofos futboleros, que cuando pierde su equipo se agarran cabreos monumentales. Lean estas historietas si tienen la oportunidad, contemplen lo que le pasa al pobre Pepe, y a su equipo, y verán como lo suyo no es nada.
Porque si hay un equipo "pupas" es el Pedrusco F.C. y su grito de guerra debería ser "Viva el Pedrusco manque siempre pierda".

domingo, 2 de noviembre de 2008

La Familia Churumbel

Manuel Vázquez fue el más original, innovador e inagotable genio de la Generación Bruguera. Su genio era tal que traspasaba las viñetas a su forma de vivir, siendo el mismo un personaje arquetípico de los tebeos Bruguera, al ser un caradura simpático, un vitalista lleno de deudas y un incorregible vividor. Su estilo de dibujo, imitado por otros colegas como el propio Ibáñez; su capacidad de hacer un humor socarrón y muy efectivo, hasta con una sombra; sus páginas repletas de detalles y excesos; el movimiento y agilidad que representa cada una de sus viñetas y el lenguaje utilizado por sus creaciones, hacen de Vázquez el más completo autor de la Generación Bruguera, y tal vez, el más añorado y querido por todo el aficionado a estas historietas.
Su capacidad de crear personajes carismáticos hace que podamos destacar a muchas de sus creaciones como Anacleto, las Hermanas Gilda, la familia Cebolleta, la Abuelita Paz, Gu-gu, Feliciano, Los Cuentos del Tío Vázquez y la familia Churumbel.
Esta familia de gitanos estaba compuesta por el padre "Manué", su preocupada mujer, con bebe terrible a su espalda y el patriarca de la familia, un viejecito diminuto, con un bigotón enorme, que le tapa casi por completo. Las tramas de sus historias consistían en el nuevo delito (robos o timos) que iban a cometer, y como finalmente les solía salir mal la jugada, introduciendo (no se sabe si adrede o por casualidad) una moraleja oculta de que el mal suele salir mal parado.
Son historietas llenas de detalles surrealistas, juegos de palabras y exageraciones muy del gusto del autor, pues en su obra los excesos de sus personajes son la tónica habitual.
Pero destacamos sobre todo de estas historietas, el lenguaje de los personajes que imitan a la perfección la forma de hablar de los gitanos ( y al igual que con las historitas de Agamenón de Nené Estivill) dan ganas de leerlas en alto, para captar én toda su plenitud, la gracia del lenguaje utilizado por Vázquez en estos personajes.
No pierdan nunca la oportunidad de disfrutar de cualquier página de Vázquez pues son sinonimo de buen humor y de contemplar la obra de un Genio con Mayúsculas.
Y de regalo una tira de chiste de sombras y perplejidad By Vázquez.

domingo, 26 de octubre de 2008

Doña Tecla Bisturín, enfermera de postín

Doña Tecla Bisturín era una simpática historieta de Raf, que transcurría en una clínica, en la que en lugar de curar a los pacientes, los defenestraban una y otra vez. Los protagonistas eran la propia doña Tecla, una enfermera jefe dominanta, grandullona (tan habitual en las feminas de este dibujante como podemos ver en Doña Lío), que devoraba novelas del oeste en lugar de trabajar. Su jefe es el Dr. Perillez, especialista en todo, y director de la clínica el Buen Zurcido. La ayudante de Doña Tecla es Ofelia, una enfermera bajita y simplona, que obedece las ordenes de Doña Tecla, con despistes y confusiones varias.
Pero que sería de una clínica sin pacientes. Y en esta clínica los pacientes son de lo más disparatado. Tenemos a la hipocondriaca Doña Gemidos, al hambriento Fakir, al bajito General Money y al otro protagonista de estas historietas, Don Repupa.
Este pobre hombre, un personajillo calvo, enclenque, con bigote, es el cliente perpétuo de la clínica, con achaques mil y sufridor de las meteduras de pata de las enfermeras, que le hacen todo tipo de perrerías que en lugar de curarle le dejan más pocho aun.
Son historietas cortas, de un único gag final pero con la chispa y gracia habituales de Raf Les mostramos una historieta en la que salen casi todos los personajes habituales de la serie, cosa inusual, pues cada historieta era una anecdota sobre un paciente y su tratamiento, y en esta, salén casi todos.

Estas historietas están recomendadas por 9 de cada 10 médicos para curarse cuando uno está malito pues la risa sana mucho. Salud.

domingo, 19 de octubre de 2008

Increible, pero Mentira

Los primeros años de Ibáñez en la Editorial Bruguera fueron de un infatigable trabajo, siendo uno de las autores más creativos y productivos de la editorial. No sólo realizaba varias series a la vez, si no que era frecuente que le fueran encargadas páginas de chistes temáticas, como las dedicadas a los deportes o a parodiar personajes históricos. Y es que además de ser capaz de sacar chispa casi a cualquier tema, Ibáñez parecía no tener fin en su capacidad de trabajo, y, tanto la editorial como los lectores, querían cada vez más páginas del autor.
Una estas páginas recurrentes de chistes era la que hoy recordamos: Increible pero Mentira. Se trataba de una original variente de los chistes sobre colmos, protagonizados por personajes esperpénticos, con nombres arquetípicos descriptivos tan propios de la editorial, y que Ibáñez usaba a la perfección; y basando su humor en una exageración hiperbólica de las características de los personajes que aparecían y sus absurdas vivencias.
Aquí se vuelve a demostrar la genialidad de Ibáñez a la hora de dar un toque surrealista y jocoso casí a cualquier situación. Tal vez no sea una de sus series más recordadas pero no por ello es de peor calidad que otras de las series de la época, pero a veces, entre tanta producción, es lógico que a uno le cueste acordarse de tantas páginas divertidas. Por ello, espero que esta entrada nos haga apreciar también estos Increible, pero Mentira, como otra muestra más de lo bueno que fue Ibáñez en sus mejores años.